El cambio climático
El cambio climático han existido desde el inicio de la historia de la Tierra, han sido graduales o abruptos y se han debido a causas diversas, como los cambios en los parámetros orbitales, variaciones de la radiación solar, la deriva continental, periodos de vulcanismo intenso o impactos de meteoritos. El cambio climático actual se relaciona principalmente con la intensificación del efecto invernadero debido a las emisiones industriales procedentes de la quema de combustibles fósiles.
Los científicos trabajan activamente para entender el clima pasado y futuro mediante observaciones y modelos para mitigar el cambio climático. Para ello recopilan un registro climático del pasado remoto de la Tierra basado en la evidencia geológica a partir de sondeos geotécnicos de perfiles térmicos, testigos de hielo, registros de la flora y fauna como crecimiento de anillos de árboles y de corales, procesos glaciares, análisis isotópico y otros análisis de las capas de sedimento y registros de los niveles del mar del pasado. Cualquier variación a largo plazo observado a partir de estos indicadores puede indicar un cambio climático.
Inundaciones en el sur de Brasil que dejaron más de 100 fallecidos; incendios en Chile con una cifra similar de muertos y más de 12.000 casas convertidas en cenizas; huracanes como Milton y Helene, que hasta quiebran la voz de meteorólogos al ver las imágenes de lo que sucede en vivo. América Latina y el Caribe cada vez está más expuesta a los desastres, muchos de estos potenciados por el cambio climático.
Este es el inquietante panorama que describe el último informe realizado por la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción de Riegos de Desastres y el cambio climático (UNDRR) sobre la región, en el que se advierte que mientras los desastres crecen, tanto en impacto como en ocurrencia, los recursos para manejarlos no van en la misma vía. “Entre los años 2000 y 2022, aproximadamente 190 millones de personas fueron afectadas por 1.534 desastres”, dice el documento. “Y según datos de Brasil, Guatemala, Jamaica, México y Perú, solo entre el 0,1% y el 2,5% de su PIB se destina a este fin”. Para más información aconsejamos la lectura de otro de los artículos publicados en nuestro blog
Mientras en Guatemala el gasto destinado a mitigar el cambio climático fue 2,32% del PIB entre 2014 y 2023, en Perú apenas alcanzó el 1,28%, seguido de Jamaica (0,7%), México (0,29%) y Brasil (0,06%). “Elegimos estos países porque, por lo menos, hay que destacar que hicieron la tarea de etiquetar qué en sus presupuestos se va a la reducción de riesgos, así que no hay que señalar si algunos son peores que otros”, agrega Arenas. Pero no solo es que el presupuesto sea escaso, sino que, el que hay, se destina en su mayoría a acciones reactivas, no preventivas. En el mundo del manejo de desastres, las acciones y políticas se categorizan en tres grupos.
En la región, pese a las múltiples alertas, “el 78% de la inversión se va a responder tras el desastre”, dice el experto, cuando “se estima que es entre cuatro y siete veces más caro reaccionar que prevenir”. Los números tampoco cuadran para lo recibido a través de la cooperación para la lucha contra el cambio climático : en el periodo entre 2005 y 2021, menos del 1% de estos recursos se destinaron a acciones que evitan o reducen el riesgo.

En otras palabras, la región no está invirtiendo para lo que tendrá que enfrentar. Ni siquiera para lo que ya enfrenta. El costo para recuperarse del golpe que dejó el huracán María en la isla Dominica, por ejemplo, fue mayor que su propio PIB, y a lo largo del Caribe se repiten las historias de países que, aún endeudados y poniendo las primeras piedras para recuperarse, vuelven a vivir un huracán, una inundación, un desastre.
Las inversiones, entonces, deben ser más inteligentes. Claro, tanto los países como la cooperación deben asignar más plata para el manejo de desastres, sobre todo en acciones preventivas. Pero como dice Arenas, cada una de las inversiones públicas que se hagan a partir de hoy en América Latina y el Caribe, una región en la primera línea de la crisis climática, deben estar informadas frente al riesgo. Un hospital que se construya sin pensar en esto, será un hospital que se tendrá que reconstruir una y mil veces: aumentando los costos y perjudicando a las personas.
También, recomienda el informe sobre el cambio climático, se deben potenciar dos cosas. Primero, los sistemas de alerta temprana multiamenazas que “pueden reducir el impacto económico en un 30% y disminuir por ocho la mortalidad”. Y, segundo, fortalecer la resiliencia de las finanzas públicas con herramientas como los seguros. Mientras los países a los que se les llama en desarrollo solo tienen seguros sobre el 5% de las pérdidas por desastre, en los países desarrollados la cifra llega a 40%.
Y es que no importa quién sea el presidente de un país o el líder de una región. “Así digas que el cambio climático es antropogénico o no, el desastre, cuando llega, llega”, recuerda Arenas. Para ese momento, precisamente, es que no parece estar preparada la región.
Causas del cambio climático
Entre las principales causas del cambio climático, podemos mencionar las siguientes:
La generación de energía
La generación de electricidad y calor a través de los combustibles fósiles provoca una gran cantidad de emisiones globales. La mayoría de la electricidad se genera todavía con la combustión de carbón o gas, lo que produce dióxido de carbono y óxido nitroso, que son potentes gases de efecto invernadero que cubren el planeta y atrapan el calor proveniente del sol. A nivel global en relación al cambio climático , algo más de un cuarto de la electricidad proviene de fuentes de energía renovables eólicas y solares que, al contrario que los combustibles fósiles, emiten poca o ninguna cantidad de gases o contaminantes en el aire.

Productos de fabricación
La industria y las fábricas producen emisiones, en su mayoría provenientes de la quema de combustibles fósiles destinada a generar energía para la fabricación de cemento, hierro, acero, componentes electrónicos, ropa y otros bienes. La minería y otros procesos industriales también generan gases y afecta directamente al cambio climático, de la misma forma que lo hace el sector de la construcción. La maquinaria utilizada en los procesos de fabricación a menudo realizados mediante carbón, petróleo o gas, y con algunos materiales, como los plásticos, están compuestos de sustancias químicas derivadas de los combustibles fósiles. La industria manufacturera es una de las que más contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial.
La tala de los bosques y el cambio climático
La tala de bosques a fin de crear granjas o pastos, o por otros motivos, provoca emisiones dado que cuando se talan sus árboles se libera el carbono que estos han estado almacenando. Cada año se destruyen aproximadamente 12 millones de hectáreas de bosques. Puesto que los bosques absorben el dióxido de carbono, su destrucción también limita la capacidad de la naturaleza para mantener estas emisiones fuera de la atmósfera. En el cambio climático, la deforestación, junto con la agricultura y otros cambios en la utilización de los suelos, es responsable de aproximadamente un cuarto de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El cambio climático y el transporte
La mayoría de camiones, barcos y aeronaves funcionan con combustibles fósiles. Esto hace que el transporte sea uno de los sectores que más contribuyen a generar gases de efecto invernadero, especialmente en lo que a emisiones de dióxido de carbono se refiere. Los vehículos terrestres son responsables de la mayor parte, debido a la combustión de productos derivados del petróleo, como la gasolina, en los motores de combustión interna. Sin embargo, las emisiones provenientes de barcos y aeronaves siguen aumentando.

La producción de alimentos
La producción de alimentos provoca emisiones de metano, dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, de diferentes maneras, en lo que se incluye la deforestación y la roturación de tierras para la agricultura y el pastoreo, la alimentación del ganado bovino y ovino, la producción y uso de fertilizantes y el abono utilizado para los cultivos, además del uso de la energía que hace funcionar el equipo de las granjas o los barcos pesqueros, siendo normalmente con combustibles fósiles. Todo esto hace que la producción de alimentos sea uno de los sectores que más contribuyen al cambio climático. Además, las emisiones de efecto invernadero también provienen del envasado y la distribución de los alimentos.
La energía en los edificios
A nivel global, tanto los edificios residenciales como los comerciales consumen más de la mitad de la electricidad total. Como siguen utilizando carbón, hidrocarburos y gas natural para los sistemas de calefacción y climatización, emiten cantidades importantes de gases de efecto invernadero. La creciente demanda de sistemas de calefacción y climatización, junto con el aumento en la adquisición de aparatos de aire acondicionado y en consumo eléctrico por parte de aparatos de iluminación y dispositivos conectados, ha contribuido a un aumento en las emisiones de dióxido de carbono relacionadas con la energía y que tiene su origen en las edificaciones, en los últimos años.
Un consumo excesivo
Su hogar, el uso que hace de la energía, el modo de desplazarse, lo que come, lo que derrocha, todo ello afecta a la emisión de gases de efecto invernadero. Y lo mismo ocurre con el consumo de bienes como la ropa, los componentes electrónicos y los productos fabricados en plástico. Un gran porcentaje de las emisiones de gases de efecto invernadero están ligadas a los hogares particulares. Nuestro estilo de vida tiene un profundo impacto en el planeta. Los más ricos son los que tienen mayor responsabilidad: el 1 por ciento de la población mundial con mayor riqueza, en conjunto genera más emisiones de gases de efecto invernadero que el 50 por ciento más pobre.
Elevación de las temperaturas
A medida que se eleva la concentración de gases de efecto invernadero, también lo hace la temperatura de la superficie del planeta. En la última década, del 2011 al 2020, el cambio climático conllevó a un mayor calentamiento hasta la fecha. Desde los años 80, cada década ha sido más cálida que la anterior. En casi todas las zonas se han producido más olas de calor y días más calurosos. La elevación de las temperaturas provoca un aumento en las enfermedades relacionadas con el calor y hace que trabajar en exteriores sea más difícil. Se producen incendios incontrolados con mayor facilidad y se extienden más rápidamente cuando el ambiente es más cálido.

Tormentas más potentes
Las tormentas destructivas se han vuelto más intensas y más frecuentes en muchas regiones influyendo en el cambio climático. A medida que se elevan las temperaturas se evapora mayor humedad, lo que causa inundaciones y precipitaciones extremas, provocando más tormentas destructivas. El calentamiento del océano también afecta al cambio climático a la frecuencia y magnitud de las tormentas tropicales. Los ciclones, huracanes y tifones se alimentan de las aguas templadas de la superficie del océano. Estas tormentas destruyen a menudo hogares y comunidades enteras, lo que provoca pérdidas ingentes en la economía y en vidas humanas.

Aumento de las sequías
El cambio climático está modificando la disponibilidad de agua, al hacerla más escasa en más regiones. El calentamiento global genera escasez de agua en regiones ya de por sí secas, y está incrementando el riesgo de sequías agrícolas que afectan a cultivos y sequías ecológicas que aumentan la vulnerabilidad de los ecosistemas. Las sequías también pueden provocar destructivas tormentas de arena y polvo capaces de desplazar miles de millones de toneladas de arena de un continente a otro. Los desiertos se expanden y se reducen las tierras aptas para el crecimiento de cultivos. Mucha gente se enfrenta a períodos habituales de escasez de agua.
Aumento del nivel del océano y calentamiento del agua
El océano absorbe la mayor parte del calor generado por el calentamiento global. El ritmo al que se ha elevado el calentamiento del océano ha aumentado considerablemente durante las últimas dos décadas a todas las profundidades. A medida que aumenta el cambio climático, el deshielo de las placas de hielo y los icebergs hace que se eleve el nivel del mar amenazando a las comunidades litorales e insulares. Además, el océano absorbe dióxido de carbono y evita su acumulación en la atmósfera.

Desaparición de especies
El cambio climático pone en riesgo la supervivencia de las especies terrestres y oceánicas. Estos riesgos aumentan a medida que ascienden las temperaturas. Debido a la potencia del cambio climático exacerbado, en el mundo se extinguen especies a un ritmo 1000 veces mayor que en cualquier otra época de la que se tenga constancia en la historia humana. Un millón de especies están en riesgo de extinguirse en las próximas décadas. Los incendios forestales, un clima extremo y la invasión de plagas con la aparición de enfermedades, todo esto está entre las amenazas relacionadas con el cambio climático. Algunas especies serán capaces de adaptarse geográficamente, pero otras, no.
Escasez de alimentos
Los cambios en el clima y el aumento de condiciones meteorológicas extremas son algunos de los motivos que provocan un aumento global en la desnutrición en las poblaciones más pobres. Los recursos pesqueros, los cultivos y el ganado pueden desaparecer o volverse menos productivos. Debido a una continua acidificación oceánica, los recursos marinos que dan alimento a miles de millones de personas se encuentran en riesgo. Los cambios en las capas de nieve y hielo de los casquetes polares han alterado el cambio climático. Un calor extremo puede hacer disminuir el agua y los pastizales destinados a la ganadería, provocando una disminución de la producción agrícola y afectando al ganado.
Pobreza y desplazamiento
El cambio climático aumenta los factores que llevan y mantienen a la gente en la pobreza. Las inundaciones pueden arrasar barrios marginales, destruyendo hogares y comunidades. El calor dificulta la ejecución de trabajos en el exterior. La escasez de agua puede afectar a los cultivos. Durante la última década (2010-2019), los sucesos relacionados con el clima desplazaron a un total aproximado de 23,1 millones de personas de media al año, aumentando sus probabilidades de caer en la pobreza. Muchos refugiados provienen de países que son más vulnerables y menos preparados para adaptarse a los efectos del cambio climático. para más información aconsejamos ver el siquiente video http://Causas del cambio climático
Urgen soluciones rápidas a los desastres climáticos
En los últimos 50 años, cada semana un país de América Latina y el Caribe ha sufrido el impacto de un desastre climático en promedio, ya sea inundación, tormenta tropical, huracán, sequía, ola de calor o incendio. Acumulados, estos desastres han impactado a cuatro de cada diez latinoamericanos y caribeños, han causado casi 100.000 víctimas mortales y han generado pérdidas estimadas en más de 360.000 millones de dólares, equivalentes al PIB actual de Colombia, según los análisis de CAF. El cambio climático está generando además un aumento de su frecuencia.

Por eso, no es de extrañar que la Cumbre del Clima (COP28) de Dubái esté buscando soluciones para solucionar el cambio climático y evitar que estos eventos climáticos extremos sigan causando tantos estragos y, sobre todo, para preparar a la población con mejores infraestructuras y sistemas de alarma más eficientes. Pero como la región es heterogénea, las estrategias deben ser personalizadas. Por ejemplo, los huracanes son frecuentes en el Caribe (el 97% de los desastres en la subregión, impactando a siete de cada diez caribeños), las inundaciones y deslizamientos en la región andina (que explican más del 80% de los fallecidos), y las sequías e incendios forestales en diversas áreas de la región.
Los Gobiernos requieren planes con enfoques integrales una gestión efectiva en la prevención y mitigación del cambio climático
Hoy hay consenso sobre la necesidad de una visión y acción integrada entre la reducción del riesgo y la adaptación al cambio climático. Y ello pasa por establecer sistemas de alerta temprana con mayor uso de tecnología; mejorar la planificación urbana e invertir en más y mejores infraestructuras resilientes; robustecer los programas educativos preparando y concienciando a las comunidades, en especial involucrando a las más vulnerables, y maximizando la coordinación entre todas las agencias estatales.
Para materializar esta visión se precisa de aliados y de recursos. América Latina cuenta con una de las matrices energéticas más limpias del mundo y posee una enorme riqueza en biodiversidad, ambos elementos clave para mitigar el cambio climático e innovar en la adaptación. Pero esto no es suficiente: es necesario movilizar financiación y escalar todo el conocimiento, la experiencia y los recursos de bancos de desarrollo, instituciones globales y empresas presentes en toda la región en sectores clave como la banca y los seguros (con instrumentos financieros tradicionales o más innovadores como canjes de deuda y bonos resilientes), las telecomunicaciones y la tecnología para lograr una mitigación y prevención adecuadas.
Reconocimiento y apoyo por parte de la Conferencia por el cambio climatico de Naciones Unidas al cambio climático (COP28)
está prestando más atención de la habitual a América Latina y el Caribe decidió presentarse como una región de soluciones globales en temas clave como la seguridad alimentaria, la preservación de la biodiversidad, la transición energética o las soluciones basadas en la naturaleza y, poco a poco, este planteamiento de alzar su voz en grandes foros globales está dando sus frutos.
Una de las buenas noticias de la cumbre ha sido el anuncio de CAF de que invertirá 15.000 millones de dólares hasta el 2030 (aproximadamente 2.000 millones al año) para que los países de la región implementen estrategias integrales para hacer frente a los cada vez más frecuentes desastres climáticos. Este tipo de compromisos son imprescindibles para que, en poco tiempo, las ciudades y las comunidades estén menos expuestas y mejor preparadas ante el cambio climático.

Conclusión de la conferencia sobre el cambio climático
Se necesita aprovechar este momentum de encuentros globales como la COP28 para recabar más financiación y acelerar la agenda verde de la región. La atención en la COP28 de Dubái poco a poco va transfiriéndose a la COP30 que se celebrará en Belém do Pará, Brasil, el lugar donde se celebró la cumbre amazónica de presidentes. Es momento de acelerar el paso y llegar desde América Latina y el Caribe con soluciones que beneficien a todos, tanto a los latinoamericanos y caribeños tan impactados por los desastres climáticos, como a los ciudadanos globales. Solo así se conservará la atención lograda y se demostrará que América Latina y el Caribe es esa región de soluciones globales.
La sequía en África y el cambio climático
«Nuestra principal fuente de ingresos es la agricultura. En la última campaña no recolectamos suficiente ni para el consumo familiar, así que no pudimos vender. El cambio climático, la falta de lluvias, los altos precios de los productos agrícolas…», se lamenta a RNE Hilda Kennedy, una mujer en Chalkhumbira, zona rural en el sur de Malawi.
«Ayer no comimos y hoy tampoco tenemos nada que llevarnos a la boca. Nos acostamos simplemente bebiendo agua. Duele la barriga, pero no tenemos con qué comprar comida», cuenta Mary, otra vecina —madre de familia numerosa— con la cosecha arruinada.
La pobreza en Africa y el cambio climático
En los últimos años, la situación en el continente africano ha empeorado mucho debido a fenómenos meteorológicos extremos. No habían salido de las consecuencias del ciclón Idai en 2019 cuando llegó Freddy en 2023. Sin recuperarse, los efectos de El niño han llevado a una sequía como no se recordaba en décadas. Naciones Unidas ha llegado a calificarla como la peor del siglo.
Situación en la República de Malawi
El 80% de la población malauí vive de la agricultura y depende de sus campos para la subsistencia. «Este año he plantado ya tres veces. Primero se secó y ahora nada más plantar ha llovido y lo ha arruinado todo», comenta Amy Nicola con resignación. Tradicionalmente, la producción de maíz —la base de su dieta— les daba para el consumo anual y, en algunos casos, los excedentes les reportaban un dinero.
La ecuación es compleja porque, además de las altas temperaturas y las lluvias escasas, irregulares y en ocasiones torrenciales, los precios de los fertilizantes han subido tanto que muchos no los pueden usar, lo que lleva a peores condiciones para obtener una buena cosecha. Esto deviene de otro factor: una situación macroeconómica catastrófica, con una moneda devaluada que encarece todos los productos importados.
Hambre por el cambio climático
Al llegar a la aldea, a un lado del camino, cientos de niños componen una fila. Están de pie y portan un tazón de plástico en la mano. Al otro, adultos forman una línea. Están sentados a la sombra del baobab y, sin excepción, llevan calderos. Son poco más de las seis de la madrugada. Todos quieren comer.
Los niños van a recibir alimento en unos minutos gracias al programa de la ONG Mary’s Meals. Un grupo de mujeres están preparándolos en la cocina. Los mayores, cuenta la líder de la comunidad, Dorothy Sumaili, no saben cuánto tendrán que esperar hasta que llegue un cargamento de harina de maíz, a precios subvencionados por el Gobierno. No se distribuye ni con la frecuencia ni en la cantidad necesaria.

Los menores en situación de riesgo con motivo del cambio climático
Desire tiene trece años, pero aparenta muchos menos. Es el menor de cuatro hermanos. «Muchos vienen de hogares donde desayunar es un lujo», cuenta Hilda Keneddy, que es también una de las cocineras. Lo es en el caso de este niño que, con el estómago vacío, camina cinco kilómetros para llegar hasta aquí. Su madre vende pescado en el mercado, pero en su casa no lo prueban.
«Antes de que nos dieran el desayuno —el proyecto ha arrancado este curso en la escuela— me dormía en clase. Tenía dolores. Temblaba tanto que no podía ni escribir del hambre. Tenía que irme para tratar de buscar algo de comer», sentencia. «A veces tienes tanta hambre que no puedes hacer nada. Necesito comer para aprender», comenta Montfort, de once años, antes de ir a su clase. «Hasta las voluntarias cuando terminan el reparto rebañan la cazuela», comenta Agness Wakili, directora del centro. Hacen turnos porque hay lista de espera para participar.
Los colegios como centros de ayuda
En los más de mil colegios a los que Mary’s Meals, Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2023, alcanza. En 1.100.000 niños reciben esta papilla enriquecida cada día antes de entrar a las aulas. No está concebida como única comida del día, pero es lo suficientemente nutritiva para cubrir sus necesidades si lo fuera.
En busca de nuevas oportunidades en la lucha contra el cambio climático
Las opciones de estas familias para sobrevivir son muy limitadas y el medio para el transporte de mercancías aquí es la bicicleta. Muchos hombres se dedican a la venta de carbón vegetal. Pero su comercio, a fin de evitar la deforestación, es ilícito y se castiga duramente, pero no es, desde luego, ningún secreto. Son muchos los que desafían al equilibrio para avanzar con pacas de decenas de kilos sobre una precaria bicicleta. En los arcenes vemos a algunos parcheando la rueda. No son caminos fáciles de transitar y menos en esas circunstancias. Imposible huir a ninguna parte si alguien quisiera verdaderamente atajar su actividad.
Aportación de las mujeres en la lucha contra el cambio climático
Resulta fundamental el trabajo de las mujerers en las aldeas africanas, algunas caminan grandes distancias a diario con leña sobre su cabeza. El acceso a agua potable es muy limitado por lo que es habitual ver a las mujeres con cubos de agua para la limpieza y comida diaria. Otras mujeres participan en la caza de saltamontes para vender y las mas afortunadas con una pequeña propiedad cultivan patatas. En deficitiva, son trabajos informales, duros, que reportan irrisorios beneficios.

Para más información sugerimos la lectura del informe completo de Naciones Unidas en la lucha del cambio climático
https://www.un.org/es/climatechange/net-zero-coalition
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